Mientras los elfos superiores luchaban por sus vidas en la batalla contra los trolls, las dispersas tribus nómadas de los humanos de Lordaeron luchaban para consolidar sus propias tierras. Las tribus humanas se atacaron entre sÃ, sin tener en cuenta la posibilidad de unificación racial o de honor. Sin embargo, una tribu conocida como Arathi, comprendió que los trolls se estaban convirtiendo en una amenaza demasiado grande como para ignorar. Los Arathi deseaban unir a todas las tribus bajo su mando de manera que pudieran luchar juntos contra los ejércitos de los trolls.
En el curso de seis años, los astutos Arathi vencieron a las tribus rivales. Luego de cada victoria ellos ofrecÃan la paz y la igualdad a los pueblos conquistados; asÃ, se ganaron la lealtad de aquellos que habÃan vencido. Eventualmente los Arathi llegaron a integrar muchas tribus dispares, y las filas de su ejército crecieron. Confiados en que podrÃan defenderse contra los ejércitos de los trolls e incluso contra los de los elfos si era necesario, los generales de los Arathi decidieron construir una poderosa fortaleza en las regiones meridionales de Lordaeron. La ciudad-estado, llamada Strom, se convirtió en la capital de la nación Arathi, Arathor.
A medida que Arathor prosperaba, los humanos de todo el vasto continente viajaban al sur, hacia la protección y seguridad de Strom. Unidos bajo un único estandarte, las tribus humanas desarrollaron una cultura fuerte y optimista. Thoradin, el rey de Arathor, sabÃa que los misteriosos elfos de las tierras del norte estaban bajo el constante asedio de los trolls, pero se negaban a arriesgar la seguridad de su pueblo en defensa de forasteros solitarios. Pasaron muchos meses mientras llegaban desde el norte rumores de la supuesta derrota de los elfos. Sólo cuando los agotados embajadores de Quel’Thalas llegaron a Strom, Thoradin comprendió cuán grande era la amenaza de los trolls.
Los elfos informaron a Thoradin que los ejércitos trolls eran enormes y que una vez que los trolls destruyeran Quel’Thalas, seguirÃan su ataque hacia las tierras del sur. Los desesperados elfos, en extrema necesidad de ayuda militar, aceptaron enseñar magia a algunos humanos seleccionados a cambio de su ayuda contra sus enemigos.
Thoradin, desconfiando de toda magia, aceptó ayudar a los elfos. Casi de inmediato, los hechiceros elfos llegaron a Arathor y comenzaron a instruir a un grupo de humanos en las artes mágicas.
Los elfos descubrieron que, aunque los humanos eran torpes por naturaleza en su manejo de la magia, poseÃan una afinidad natural para ella. Cien hombres aprendieron las bases de los secretos mágicos de los elfos: no más de lo que era necesario para combatir a los trolls. Convencidos de que sus estudiantes humanos estaban preparados para ayudar en la lucha, los elfos dejaron Strom y viajaron al norte junto con las poderosas armadas del rey Thoradin.
Los ejércitos de los elfos y humanos se enfrentaron contra las terribles armadas de los trolls al pie de las montañas Alterac. La batalla duró varios dÃas, pero los incansables soldados de Arathor nunca se rindieron frente a los violentos ataques de los trolls. Los lores elfos estimaron que habÃa llegado el momento de liberar el poder de su magia sobre el enemigo. Los cien magos humanos y una multitud de hechiceros elfos invocaron la ira de los cielos y arrasaron con los ejércitos de los trolls. Los fuegos elementales evitaron que los trolls pudieran regenerar sus heridas y quemaron sus formas golpeadas desde dentro hacia fuera.
Aunque los ejércitos de los trolls intentaron huir, las armadas de Thoradin los persiguieron hasta que matar a todos sus soldados. Los trolls nunca se recuperarÃan de su derrota, y la historia nunca más contemplarÃa su levantamiento como nación. Seguros de la seguridad de Quel’Thalas, los elfos hicieron un pacto de lealtad y amistad con la nación Arathor y con el linaje de su rey, Thoradin. Los elfos y los humanos guardarÃan relaciones amistosas durante las eras venideras.
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